Lo que quiero decir y el texto que lo dice
Lo que vas a aprender
- Reconocer la intención de un texto (enseñar a hacer, entretener o convencer) por las pistas de su contenido y su forma.
- Señalar en un instructivo y en un cuento las frases que delatan para qué fueron escritos.
- Elegir el tipo de texto que conviene a una intención en una situación nueva y explicar por qué.
- Escribir un texto corto en el que el tema, el tipo de texto y la intención vayan de acuerdo.
Para qué
¿Para qué sirve esto?
Imagina que tu tía te pide la manera de preparar la mazamorra de tu abuela y tú le mandas un cuento sobre la abuela de niña. El cuento puede ser muy bonito, pero tu tía se queda sin saber cuánto maíz poner ni cuánto tiempo hervirlo. Lo que escribiste no le sirve para lo que necesitaba.
Antes de escribir, todo buen escritor se hace tres preguntas: ¿de qué voy a hablar?, ¿para qué lo escribo? y ¿qué tipo de texto me sirve para eso? Cuando las tres respuestas van de acuerdo, el texto cumple su propósito.
Hoy vas a aprender a reconocer la intención de un texto por sus pistas y a escoger el texto que conviene a lo que quieres lograr.
Explicación
Tema, intención y tipo de texto
Todo texto habla de algo: ese es su tema. También tiene un propósito, lo que quien escribe quiere lograr en el lector: esa es su intención comunicativa. Y tiene una forma, con partes y maneras de decir las cosas: ese es su tipo de texto.
Un mismo tema puede servir para muchas intenciones. Piensa en las arepas:
- Si quieres enseñar a hacer arepas, escribes un instructivo (una receta es un instructivo de cocina). Lleva una lista de materiales o ingredientes y pasos en orden. Los verbos dan indicaciones al lector: «amasa», «forma bolitas», «ponlas en el budare».
- Si quieres entretener, escribes un cuento: una arepa que se escapa rodando por la calle, por ejemplo. Lleva personajes con nombre, un lugar, algo que les pasa y un final. Muchas veces tiene diálogos.
- Si quieres convencer a alguien de comprar o de hacer algo, escribes un anuncio: frases cortas que llaman la atención, palabras que hacen ver lo bueno del producto y una invitación directa al lector, como «¡Ven a probarlas!».
- Si quieres pedirle algo a una persona, por ejemplo que tu abuela te enseñe a hacerlas, le escribes una carta: un saludo, lo que le pides y una despedida con tu firma.
Cuando el tema, la intención y el tipo de texto van de acuerdo, decimos que el texto es coherente con su intención. Si escribes un anuncio para enseñar a hacer arepas, el lector se queda sin los pasos; si escribes un instructivo para entretener, el lector se aburre.
Las pistas que delatan la intención
Para saber para qué se escribió un texto que ya está hecho, busca pistas en su contenido (de qué habla y qué cuenta) y en su estructura (cómo está organizado):
- Instructivo: título que empieza con «Cómo…», lista de materiales, pasos numerados y verbos que le hablan al lector para indicarle qué hacer: «corta», «riega», «guarda».
- Cuento: personajes con nombre, un lugar, cosas que les pasan una detrás de otra, diálogos con raya y un final. No le pide al lector que haga nada.
- Anuncio: frases cortas, preguntas al lector, palabras que exageran lo bueno y una invitación a comprar o a participar.
Ahora vas a leer dos textos sobre el mismo tema: un fríjol sembrado en una botella. Los dos son inventados para esta lección. Fíjate en las pistas de cada uno.
Ejemplo resuelto
Un tema, tres intenciones: la huerta del colegio
El curso de quinto tiene una huerta. Tres alumnos van a escribir sobre ella, cada uno con una intención distinta. ¿Qué tipo de texto le conviene a cada uno?
Ver la solución paso a paso
Mateo quiere que los de cuarto aprendan a sembrar cebolla en la huerta. Su intención es enseñar a hacer algo. Le conviene un instructivo, con los materiales y los pasos en orden, porque así el lector puede seguirlos uno por uno.
Sara quiere que los niños de primero se diviertan con una historia de un gusano que vive entre las lechugas. Su intención es entretener. Le conviene un cuento, con personajes, un problema y un final.
Andrés quiere que las familias vengan el sábado a la jornada de siembra. Su intención es convencer. Le conviene un anuncio o un afiche, con frases cortas y una invitación directa: «¡Trae tu pala y ven!».
Compruebo la coherencia al revés: si Andrés escribiera un cuento sobre el gusano, las familias se divertirían, pero no sabrían que tienen que venir el sábado. El texto no lograría lo que él quiere.
Respuesta: Mateo, un instructivo; Sara, un cuento; Andrés, un anuncio. El tema es el mismo, la huerta, pero la intención cambia el tipo de texto.
Lectura · instructivo
Cómo sembrar un fríjol en una botella
Materiales: una botella plástica vacía, tierra negra, tres granos de fríjol, un vaso con agua y un marcador. Las tijeras las usa solo un adulto.
Paso 1. Pide a un adulto que corte la botella por la mitad. No la cortes tú: el plástico cortado tiene bordes que pueden herirte. Guarda la parte de abajo.
Paso 2. Pídele también que le abra tres huecos pequeños en el fondo. Por ahí saldrá el agua que sobre, y así las raíces no se pudren.
Paso 3. Llena la botella con tierra hasta cuatro dedos antes del borde. Aprieta la tierra con suavidad, sin aplastarla.
Paso 4. Con un dedo, haz tres huecos poco hondos, separados entre sí. Pon un grano en cada hueco y tápalo con tierra.
Paso 5. Riega con medio vaso de agua. La tierra debe quedar húmeda, pero no encharcada.
Paso 6. Escribe tu nombre en la botella con el marcador y ponla cerca de una ventana donde le dé la luz.
Riega un poco cada dos días. Si la tierra se seca, el fríjol no germina; si le echas demasiada agua, se pudre. Revisa tu botella cada mañana: en una o dos semanas verás salir el primer tallo.
Ejemplo resuelto
Las pistas del instructivo
Busca en «Cómo sembrar un fríjol en una botella» tres pistas que muestren que su intención es enseñar a hacer algo.
Ver la solución paso a paso
Miro la estructura. El texto empieza con una lista: «Materiales: una botella plástica vacía, tierra negra, tres granos de fríjol». Un cuento no empieza así; un instructivo sí, porque el lector tiene que reunir las cosas antes de empezar.
Sigo con la estructura. Los párrafos están numerados: «Paso 1.», «Paso 2.», hasta «Paso 6.». El número dice el orden en que se hace cada cosa.
Miro los verbos. Le hablan al lector y le indican qué hacer: «Llena la botella con tierra», «Aprieta la tierra con suavidad». No cuentan lo que le pasó a alguien: dicen lo que tú tienes que hacer.
Miro el contenido. No hay personajes con nombre ni diálogos. Hay avisos para que las cosas salgan bien: «No la cortes tú» y «Si la tierra se seca, el fríjol no germina».
Respuesta: La lista de materiales, los pasos numerados y los verbos que dan indicaciones: el texto quiere enseñar a sembrar un fríjol.
El mismo fríjol, otra intención
Ahora lee un cuento sobre un fríjol sembrado en una botella. El tema se parece mucho al del instructivo, pero su intención es otra. Mientras lees, pregúntate: ¿me pide que haga algo?, ¿hay personajes?, ¿qué les pasa?, ¿para qué lo habrá escrito su autor?
Lectura · cuento
El fríjol que quería ver la calle
Yesenia vivía en un segundo piso de Bucaramanga, encima de la panadería de don Celestino, su abuelo. Por las tardes se asomaba a la ventana y se quedaba quieta, mirando quién pasaba: el señor de los tintos, los perros del barrio, la buseta azul.
Un lunes, la profesora les repartió el instructivo «Cómo sembrar un fríjol en una botella». Yesenia hizo los primeros pasos con mucho cuidado, y después puso la botella en la mesa del comedor, lejos del sol, para que nadie la tumbara.
Pasó una semana y no salió nada. Pasaron dos, y apareció un tallito flaco y pálido, doblado como un signo de pregunta. La punta no miraba hacia arriba: miraba hacia la ventana.
—Está torcido —dijo Yesenia, y giró la botella para enderezarlo.
Al otro día, el tallo estaba doblado otra vez hacia la ventana. Ella volvió a girar la botella. Al día siguiente pasó lo mismo.
—Ese fríjol es terco —se rio el abuelo, con las manos llenas de harina—. Se parece a alguien que yo conozco.
—¿A quién? —preguntó Yesenia.
El abuelo no contestó. Miró la ventana, después la miró a ella, y siguió amasando.
Esa noche, Yesenia llevó la botella al marco de la ventana. Por la mañana, el tallo ya no estaba pálido: se había puesto verde y derecho, y tenía dos hojas abiertas como manos.
Un mes después, la mata se había enredado en las rejas y daba sombra a medio vidrio. Yesenia y el fríjol pasaban las tardes juntos, asomados, mirando quién pasaba por la calle.
Cuidado con una confusión
Que dos textos hablen del mismo tema no quiere decir que tengan la misma intención. El instructivo y el cuento hablan de un fríjol en una botella, y aun así uno quiere que hagas algo y el otro no. Para descubrir la intención no basta con saber de qué habla el texto: hay que mirar cómo lo dice y qué espera del lector.
Tampoco basta con una sola pista. Un cuento puede tener un número y un anuncio puede contar una historia corta. Junta varias pistas antes de decidir.
Práctica
Según el paso 1 del instructivo, ¿quién debe cortar la botella?
El paso 1 dice: «Pide a un adulto que corte la botella por la mitad» y avisa que «el plástico cortado tiene bordes que pueden herirte». La profesora aparece en el cuento, no en el instructivo.
En el paso 4 del instructivo, los tres granos de fríjol se ponen juntos en un mismo hueco.
Es falso. El paso 4 pide tres huecos «separados entre sí» y dice: «Pon un grano en cada hueco y tápalo con tierra».
Según el párrafo 2 del cuento, ¿dónde puso Yesenia la botella al principio?
El párrafo 2 dice que «puso la botella en la mesa del comedor, lejos del sol». Al marco de la ventana la lleva después, en el párrafo 9.
En el párrafo 6 del cuento, el abuelo dice que el fríjol es terco.
Es verdadero. El abuelo dice: «Ese fríjol es terco», mientras tiene las manos llenas de harina.
Cuando el abuelo dice «Se parece a alguien que yo conozco», ¿en quién está pensando?
El fríjol siempre se voltea hacia la ventana, como Yesenia, que pasa las tardes asomada. Por eso el abuelo la mira a ella.
Lee los dos textos. ¿Por qué el tallo del fríjol de Yesenia salió pálido y torcido?
El paso 6 pide poner la botella cerca de una ventana, y Yesenia la puso lejos del sol. Cuando la llevó a la ventana, el tallo se puso verde y derecho.
¿Cuál es la intención del cuento «El fríjol que quería ver la calle»?
Personajes, diálogos y un final tierno: el cuento quiere entretener. Los pasos para sembrar están en el instructivo.
Wendy quiere que los niños de su cuadra aprendan a hacer una cometa de papel con palitos de bambú. ¿Qué tipo de texto le conviene escribir?
Su intención es enseñar a hacer algo: le conviene un instructivo. El cuento entretiene y el anuncio convence, pero ninguno de los dos le dice al lector qué hacer primero y qué después.
La tienda escolar quiere que más estudiantes compren la fruta picada en el descanso. ¿Qué texto es coherente con esa intención?
Para convencer de comprar algo conviene un anuncio. El instructivo enseñaría a picar fruta y el cuento divertiría, pero ninguno invita a comprarla.
Fabián escribió para el periódico escolar: «Había una vez una basura que se sentía sola en el patio». Él quería que sus compañeros hicieran la jornada de aseo del viernes. ¿Qué le pasó a su texto?
«Había una vez» es la forma de un cuento. Fabián quería convencer a sus compañeros de participar: le convenía un anuncio o un afiche con la fecha y la invitación. Que el tema sea importante no basta: la forma tiene que ir con la intención.
Reto
Completa las indicaciones del instructivo con el verbo que le habla al lector.
Reto
Une cada intención con el tipo de texto que le conviene.
Cierre
En resumen
Todo texto tiene un tema, una intención comunicativa y un tipo de texto.
Para enseñar a hacer algo conviene un instructivo; para entretener, un cuento; para convencer, un anuncio.
La intención se descubre con pistas del contenido y de la estructura: materiales y pasos, personajes y diálogos, invitaciones al lector.
Un texto es coherente cuando su forma sirve para lo que quiere lograr quien lo escribe.
Vocabulario
- Intención comunicativa
Lo que quiere lograr quien escribe con su texto: enseñar a hacer algo, entretener, convencer, informar.
- Coherencia
Acuerdo entre lo que se quiere decir, para qué se dice y la forma del texto que se escoge.
- Instructivo
Texto que enseña a hacer algo con materiales y pasos en orden, escritos como indicaciones.
- Anuncio
Texto corto que busca convencer al lector de comprar, usar o hacer algo.
- Germinar
Empezar a crecer una semilla: le sale la raíz y después el tallo.
Guía para el docente
Tiempos
- Inicio · 5 min — Cuente el caso de la mazamorra: alguien pide una receta y recibe un cuento. Pregunte qué salió mal.
- Explicación · 10 min — Escriba en el tablero tema, intención y tipo de texto. Resuelvan el ejemplo de la huerta con tres columnas: intención, texto, por qué.
- Lectura · 10 min — Lean en voz alta el instructivo y el cuento. Pida que subrayen con un color las pistas del instructivo y con otro las del cuento.
- Práctica · 10 min — Preguntas y retos. En las de situaciones nuevas, pida que digan en voz alta la intención antes de elegir el texto.
- Producción · 10 min — Cada alumno escoge un tema (una mascota, un juego, una comida) y escribe dos textos cortos sobre él con intenciones distintas. Evalúe con la rúbrica.
Preguntas para el salón
- ¿Qué pasaría si el instructivo del fríjol no tuviera los pasos numerados?
- ¿Qué tendría que cambiar el cuento de Yesenia para convertirse en un anuncio?
- ¿Conoces textos que mezclen intenciones, como un anuncio que cuenta una historia?
Errores típicos
- Creer que dos textos del mismo tema tienen la misma intención. Ponga el instructivo y el cuento lado a lado y pregunte: ¿cuál de los dos te pide hacer algo?
- Decidir la intención por una sola pista (un número, un diálogo). Pida al menos tres pistas antes de decidir, del contenido y de la estructura.
- Confundir entretener con convencer porque el anuncio también es divertido. Pregunte qué quiere el texto que haga el lector al terminar: si lo invita a comprar o a participar, quiere convencer.
- Escribir un instructivo con verbos que cuentan («llenó», «regó») en lugar de verbos que indican («llena», «riega»). Lean el reto de huecos y pregunte cuál de los verbos le habla a quien va a seguir los pasos.
Tarea sugerida
Buscar en la casa dos textos impresos (una etiqueta, una receta, un volante, un cuento) y escribir para cada uno su intención y tres pistas que la delatan.