¿A quién le hablo?
Lo que vas a aprender
- Averiguar, antes de hablar, la edad del público, lo que ya sabe, el lugar y el tiempo disponible.
- Señalar en dos discursos sobre el mismo tema lo que cambia según el público (el saludo, las palabras, los ejemplos).
- Explicar por qué una manera de decir algo conviene a un público y no a otro.
- Ajustar el saludo y los ejemplos de un discurso corto a un público dado.
Para qué
¿Para qué sirve esto?
Piensa en una noticia sencilla: el sábado no hay entrenamiento de fútbol. Se la cuentas a tu hermanito de cinco años, al profesor de Educación Física y a tu abuela, que no oye bien. ¿Les dirías lo mismo y de la misma manera? Seguro que no. Con tu hermanito usarías palabras fáciles y quizás una broma; con el profesor irías al grano; con tu abuela hablarías más despacio y más fuerte.
Eso que haces sin pensar en una conversación hay que hacerlo a propósito cuando preparas un discurso: algo que dirás en voz alta, ante un grupo, en una izada de bandera, en una reunión o en una emisora. Un discurso muy bien escrito puede fracasar si no le conviene a quien lo escucha.
En esta lección vas a aprender a mirar a tu público antes de hablar y a descubrir, en dos discursos sobre el mismo tema, qué cambia cuando cambia quien escucha.
Explicación
Las preguntas antes de hablar
Antes de preparar un discurso, quien va a hablar se hace unas preguntas sobre su público (las personas que lo escucharán) y sobre el contexto (las circunstancias en que hablará). Son cuatro:
- ¿Qué edad tiene mi público? Un niño de seis años entiende frases cortas, palabras de todos los días y ejemplos que pueda imaginar. Un adulto entiende frases más largas y palabras como «propósito» o «compromiso». Con los niños pequeños ayudan las preguntas que los hacen participar («¿quién ha visto un oso?»); con los adultos, las explicaciones claras.
- ¿Qué sabe ya mi público del tema? Si nadie sabe de qué se trata, hay que explicar lo básico. Si ya lo saben, explicarlo otra vez aburre. También hay que pensar qué necesita saber cada público: a unos les interesa qué van a hacer; a otros, para qué sirve, cuánto cuesta o cómo pueden ayudar.
- ¿Dónde voy a hablar? No es lo mismo un salón pequeño, con el público a dos pasos, que un patio grande o una reunión en el auditorio. El lugar cambia la distancia y también el trato: en un salón de clase con niños se puede hablar de manera cercana; en una asamblea, el trato es más formal.
- ¿Cuánto tiempo tengo? Si tienes tres minutos, no te caben diez ideas. El tiempo obliga a escoger lo más importante para ese público.
Lo que cambia según el público
Con las respuestas a esas preguntas, quien habla decide varias cosas. Fíjate en estas cuatro:
- El saludo. Es lo primero que oye el público y le dice cómo lo ve quien habla. Ante un grupo de compañeros puedes decir «¡Hola a todos!»; ante el rector y los padres, «Buenos días, señor rector, señoras y señores».
- Las palabras. Con los niños, palabras cortas y conocidas; con los adultos, palabras más precisas. Ninguna de las dos maneras es mejor: cada una conviene a su público. A esa manera de hablar que se escoge según la situación la llamamos registro, y puede ser más formal o más cercano.
- Los ejemplos. Un buen ejemplo sale del mundo del que escucha. A un niño le sirve un animal que habla; a un adulto, algo de su vida diaria: el trabajo, la casa, el tiempo que no alcanza.
- Lo que se pide. Si el discurso pide algo, tiene que ser algo que ese público pueda hacer. A un niño de primero no le pedirás que done dinero; a un padre sí le puedes pedir que lea con su hijo.
Cuando todo eso va de acuerdo con el público y el contexto, decimos que el discurso es adecuado. La adecuación no se ve en una sola frase: se ve en el conjunto.
Ejemplo resuelto
Un mismo anuncio, dos públicos: la jornada de la quebrada
Un estudiante de sexto tiene que invitar a una jornada para limpiar la quebrada del barrio, el sábado. Hablará dos veces: ante los niños de segundo, en su salón, durante dos minutos, y ante la junta de acción comunal, en el salón comunal, durante cinco minutos. ¿Cómo prepara cada discurso? (El caso es inventado para esta lección.)
Ver la solución paso a paso
Miro la edad y lo que saben. Los niños de segundo tienen siete u ocho años; conocen la quebrada porque pasan por ahí, pero no saben qué es una jornada. Los miembros de la junta son adultos que conocen el problema de la basura desde hace años y que toman decisiones en el barrio.
Miro qué necesita saber cada público. Los niños necesitan saber qué van a hacer y con quién: recoger papeles con sus papás, con guantes. La junta necesita saber a qué hora es, cuántas personas se esperan y qué se necesita prestado: bolsas, carretillas, un permiso para trabajar en la orilla.
Miro el lugar y el tiempo. En el salón de segundo puedo hablar de cerca y hacer una pregunta para que levanten la mano. En el salón comunal, ante la junta, conviene un saludo formal y dos o tres ideas claras, porque cinco minutos se van rápido.
Decido el saludo. Para segundo: «¡Buenos días, niños de segundo! ¿Quién ha visto la quebrada?». Para la junta: «Buenas tardes, señora presidenta y miembros de la junta de acción comunal».
Decido los ejemplos y lo que pido. A los niños les cuento que en la quebrada vive una garza que no encuentra dónde pararse entre tanta basura, y les pido que vengan con un adulto. A la junta le digo que el agua de la quebrada se represa en la curva cuando llueve, y le pido que preste las carretillas.
Respuesta: El tema es el mismo, pero el saludo, las palabras, los ejemplos y lo que se pide cambian, porque cambian la edad, lo que sabe y lo que necesita cada público.
Dos discursos sobre la semana de la lectura
Vas a leer dos discursos de la misma estudiante, Teodora, de sexto grado. El comité de la biblioteca de su colegio le pidió que anunciara la semana de la lectura dos veces: una a los niños de primero, en su salón, y otra en la asamblea de padres de familia, en el auditorio. La estudiante y los discursos son inventados para esta lección.
Mientras lees, compara. Busca qué dice en cada uno al empezar, qué palabras usa, qué ejemplos pone y qué le pide a cada público. Después tendrás que explicar por qué cada discurso le conviene a quien lo escucha.
Lectura · discurso
Discurso 1: para los niños de primero
¡Hola, niños y niñas de primero! ¿Cómo están? Yo me llamo Teodora y estoy en sexto. Hace cinco años yo me sentaba en esas mismas sillitas donde ustedes están sentados.
Les vengo a contar un secreto. ¿Saben qué es un libro? Un libro es como una puerta mágica. Uno lo abre y, ¡pum!, ya está en otro lugar: en el fondo del mar con un pulpo que tiene ocho zapatos, o en la selva con un tigrillo que no se quiere bañar.
La otra semana, del lunes al viernes, vamos a tener la semana de la lectura. Cada mañana, antes del descanso, los niños grandes vamos a venir a este salón a leerles un cuento. Ustedes solo tienen que hacer una cosa: escuchar con las orejas bien abiertas.
Y el viernes viene lo mejor: la fiesta de los personajes. Cada uno puede venir disfrazado de su personaje favorito, de pulpo, de tigrillo, de princesa o de dragón. ¡Yo voy a venir de tortuga! Pero de una tortuga rápida, ¿eh?
Ahora, levanten la mano los que quieren un cuento de animales. ¡Uy, cuántas manos! Muy bien. Y levanten la mano los que quieren un cuento de miedo. Ah, también hay valientes. Entonces el lunes empezamos con uno de animales y el martes, con uno de miedo, pero de un miedo chiquito.
Gracias por escucharme tan juiciosos. ¡Nos vemos el lunes, lectores valientes!
Lectura · discurso
Discurso 2: para la asamblea de padres de familia
Buenas noches, señoras y señores, padres, madres y acudientes. Gracias por acompañarnos en esta asamblea. Mi nombre es Teodora Lasso, soy estudiante de grado sexto, y el comité de la biblioteca me encargó presentarles la semana de la lectura.
La semana tiene un propósito sencillo: que los niños lean más y que lo hagan con gusto. Las profesoras nos han contado que muchos estudiantes abren un libro solo cuando hay tarea. Queremos que la lectura deje de ser una obligación y se vuelva una costumbre de la casa.
Les explico cómo funcionará. Del lunes al viernes, los estudiantes de los grados altos leerán un cuento en voz alta a los cursos pequeños, durante veinte minutos, antes del descanso. El viernes cerraremos con una fiesta de personajes, a la que los niños pueden venir disfrazados. El disfraz no tiene que comprarse: puede hacerse en casa con cartón, telas viejas o papel.
Ustedes pueden ayudarnos de dos maneras. Primero, leyendo con sus hijos al menos quince minutos cada noche de esa semana: un cuento, una receta, una noticia del periódico; no importa qué se lea, importa el rato que pasan juntos. Segundo, donando los libros que ya no usen en casa. Los recibiremos en la portería de siete a nueve de la mañana.
Sabemos que muchos de ustedes llegan cansados del trabajo y que el tiempo no alcanza. Por eso pedimos quince minutos y no una hora. Un rato corto, pero de todos los días, ayuda más que una tarde larga de vez en cuando.
Les agradezco su atención. Si tienen preguntas, el comité de la biblioteca los espera al final del auditorio. Muchas gracias y buenas noches.
Ejemplo resuelto
Comparar los saludos de los dos discursos
Compara cómo empieza cada discurso de Teodora. ¿Qué cambia en el saludo y en la manera de presentarse?
Ver la solución paso a paso
Busco la primera frase de cada uno. Ante los niños dice: «¡Hola, niños y niñas de primero! ¿Cómo están?». Ante los padres dice: «Buenas noches, señoras y señores, padres, madres y acudientes».
Comparo las palabras del saludo. «Hola» es el saludo cercano de todos los días; «Buenas noches, señoras y señores» es un saludo formal. Ante los niños, además, hace una pregunta que ellos pueden contestar en coro.
Comparo cómo se presenta. A los niños les da solo su nombre de pila: «Yo me llamo Teodora y estoy en sexto». A los padres les da el nombre completo y el encargo: «Mi nombre es Teodora Lasso, soy estudiante de grado sexto».
Miro si en el saludo hay algo más. En el discurso a los padres agradece: «Gracias por acompañarnos en esta asamblea». En el de los niños no hay agradecimiento al comienzo: lo deja para el final.
Respuesta: El saludo de los niños es cercano y con pregunta; el de los padres es formal, con el nombre completo, el cargo que le dieron y un agradecimiento. Lo demás (las palabras, los ejemplos, lo que pide) lo vas a comparar tú en las preguntas.
Cuidado con dos confusiones
Primera confusión: creer que hablar formal es hablar mejor. El discurso a los niños no es peor que el de los padres; si Teodora les hubiera dicho a los de primero «el propósito de la semana es fortalecer el hábito lector», nadie la habría entendido. Lo correcto es lo que conviene al público y al contexto, no lo que suena más difícil.
Segunda confusión: creer que adecuar es cambiar el tema. Teodora no cambió de tema: en los dos discursos habla de la misma semana, de las lecturas antes del descanso y de la fiesta del viernes. Lo que cambió fue la manera de contarlo y lo que le pide a cada uno. Adecuar no es decir otra cosa, sino decirla de otra forma y escoger lo que cada público necesita.
Práctica
Según el párrafo 3 del discurso para primero, ¿qué es lo único que tienen que hacer los niños durante las lecturas?
El párrafo 3 dice: «Ustedes solo tienen que hacer una cosa: escuchar con las orejas bien abiertas». Los libros los donan los padres, y el disfraz es solo para la fiesta del viernes.
En el discurso para los padres, Teodora dice que los libros donados se recibirán en la biblioteca por la tarde.
Es falso. El párrafo 4 dice: «Los recibiremos en la portería de siete a nueve de la mañana». La biblioteca aparece en otra parte: el comité de la biblioteca espera a los padres al final del auditorio.
Según el párrafo 4 del discurso para los padres, ¿cuánto tiempo les pide Teodora que lean con sus hijos?
El párrafo 4 pide leer «al menos quince minutos cada noche de esa semana». Los veinte minutos antes del descanso son los de las lecturas de los grandes en el colegio, y la hora es justo lo que Teodora dice que no pide.
En los dos discursos Teodora habla de la fiesta de personajes del viernes.
Es verdadero. A los niños les dice que «el viernes viene lo mejor: la fiesta de los personajes»; a los padres, que «El viernes cerraremos con una fiesta de personajes». El tema no cambia; cambia la manera de contarlo.
En el párrafo 1 del discurso para primero, Teodora dice que hace cinco años se sentaba «en esas mismas sillitas». ¿Para qué lo dice?
Recordar que se sentaba en las mismas sillas la acerca a los niños: fue como ellos. El discurso no pide cuidar las sillas ni presume.
¿Por qué en el discurso para los padres Teodora aclara que «El disfraz no tiene que comprarse», y en el de los niños no lo dice?
El gasto del disfraz les toca a los padres: a ellos les sirve saber que puede hacerse en casa. A los niños les basta saber de qué pueden disfrazarse.
En el párrafo 5 del discurso para los padres, Teodora dice: «Sabemos que muchos de ustedes llegan cansados del trabajo». ¿Qué logra con esa frase?
Teodora piensa en su público: sabe que llegan cansados y por eso pide poco tiempo. No les reclama ni los libra de leer.
Al final del discurso para primero, Teodora les pide a los niños que levanten la mano para escoger el cuento del lunes. ¿Por qué esto conviene a ese público?
Los niños pequeños atienden más cuando participan. Levantar la mano los mete en el discurso y les deja escoger el cuento.
Teodora quiere añadir una frase al discurso para primero. ¿Cuál le convendría MENOS a ese público?
La frase sobre la costumbre de la casa está pensada para adultos, con palabras que los niños casi no usan. El dragón y la lagartija son ejemplos de su mundo.
Wilmer tiene que anunciar el bazar del colegio en la emisora comunitaria del pueblo, que oyen sobre todo campesinos de las veredas. Tiene un minuto. ¿Qué debería averiguar o decidir primero?
Antes de hablar se piensa en el público y en el tiempo: qué necesitan saber los oyentes (el día, la hora, el lugar) y cuántas ideas caben en un minuto. Las palabras difíciles no ayudan a que lo entiendan, y su gusto personal no es lo que importa del público.
Marca las preguntas que conviene hacerse sobre el público y el contexto antes de preparar un discurso.
Marca todas las que apliquen.
La edad, lo que ya sabe el público, el lugar y el tiempo cambian el saludo, las palabras y los ejemplos. Buscar palabras difíciles para lucirse no mira al público, sino a quien habla: un discurso es para que lo entiendan.
Reto
Completa las frases del discurso para los padres con las palabras que usó Teodora.
Reto
Une cada público con la manera de hablarle que le conviene.
Cierre
En resumen
Antes de hablar se averigua la edad del público, lo que ya sabe, el lugar y el tiempo disponible.
Según el público cambian el saludo, las palabras, los ejemplos y lo que se pide; el tema puede seguir siendo el mismo.
Hablar formal no es hablar mejor: un discurso es adecuado cuando conviene a quien lo escucha y al contexto.
Lo que se le pide al público tiene que ser algo que ese público pueda hacer.
Vocabulario
- Discurso oral
Lo que una persona dice en voz alta ante un grupo, preparado de antemano, para informar, invitar, agradecer o convencer.
- Público
Las personas que escuchan un discurso. También se les llama auditorio o interlocutores.
- Contexto
Las circunstancias en que se habla: el lugar, el momento, el tiempo disponible y la ocasión.
- Registro
La manera de hablar que se escoge según la situación: más formal o más cercana y familiar.
- Adecuación
Acuerdo entre lo que se dice, la manera de decirlo y el público y el contexto en que se dice.
Guía para el docente
Tiempos
- Inicio · 5 min — Cuente la noticia del entrenamiento cancelado y pida a tres voluntarios que se la digan a un niño pequeño, a un profesor y a una abuela. Pregunte qué cambió.
- Explicación · 12 min — Escriba en el tablero las cuatro preguntas (edad, lo que sabe, lugar, tiempo) y resuelvan juntos el ejemplo de la quebrada.
- Lectura · 13 min — Dos voluntarios leen en voz alta los dos discursos. El curso hace en el cuaderno una tabla de dos columnas: saludo, palabras, ejemplos y lo que se pide en cada discurso.
- Práctica · 12 min — Preguntas y retos. En las inferenciales, pida que lean en voz alta la frase del discurso que apoya su respuesta.
- Producción · 8 min — Cada alumno escribe el saludo y un ejemplo para anunciar el mismo evento a dos públicos distintos (los de preescolar y los abuelos del barrio) y lo dice en voz alta a un compañero.
Preguntas para el salón
- ¿Qué pasaría si Teodora dijera en la asamblea de padres «¡Uy, cuántas manos!»?
- ¿Qué ejemplo usarías tú para explicarles a los abuelos del barrio qué es la semana de la lectura?
- ¿En qué situaciones de tu vida hablas de una manera y en cuáles de otra?
Errores típicos
- Pensar que el discurso más formal es siempre el mejor. Lean ante el curso una frase del discurso de los padres como si fuera para primero y pregunten si los niños la entenderían.
- Creer que adecuar el discurso es cambiar de tema. Pida que subrayen en los dos discursos lo que se repite (las lecturas antes del descanso, la fiesta del viernes) y lo que cambia.
- Preparar el discurso sin pensar en el tiempo y meter demasiadas ideas. Dé un tiempo real (un minuto) y pida que escojan solo las dos ideas que el público más necesita.
- Pedirle al público algo que no puede hacer (que los niños pequeños donen dinero). Pregunte en cada caso: ¿esta persona puede hacer lo que le pido?
Tarea sugerida
Escuchar en la casa una intervención en voz alta (un anuncio en la iglesia o en la junta, un mensaje en la emisora, un saludo en una reunión) y escribir a qué público le hablaba y qué palabra o ejemplo lo muestra.